Qué vergüenza

         Once es un número pequeño. Ínfimo, si se compara con el número 44 millones, que dicen que somos los colombianos, o con la estadística anual de muertes violentas en Colombia. Pero ningún número es pequeño cuando cuantifica muertos, y mucho menos cuando lo que indica es la cantidad de asesinatos. Cuando son masacradas once personas lo que muere no son once individuos; muere la humanidad entera. Se mutila a la nación. Se desdibuja el Estado. Y al rostro no le queda más que contraerse en una mueca de dolor, de rabia y de vergüenza.

         Por eso algunos medios de comunicación titularon la semana pasada “Colombia está de luto”, a propósito de la masacre de los diputados de la Asamblea del Valle. Pero estaban equivocados; eso que designa la palabra “Colombia” no es una persona, ni es únicamente un territorio con límites en cada uno de los puntos cardinales; Colombia es el nombre de una Nación, y por lo que pasó el 18 de junio esa Nación ha sido cercenada, mutilada, agredida en lo más hondo de su ser otra vez. Decir que Colombia está de luto es quedarse demasiado corto, es tal vez ser demasiado aséptico en la descripción del dolor; es indicar que más allá de la tristeza, eso a lo que se llama con la palabra Colombia todavía conserva alguna integridad. Y no. Por mucho que nos pese los asesinos también son colombianos y seguramente podrían decir que hicieron lo que hicieron por Colombia. El dolor, la rabia y la vergüenza no son sólo por los que murieron, son también por los asesinos.     

Y son también por el Estado colombiano, en cabeza del ejecutivo, supuestamente encargado de velar por la vitalidad de esa nación. Esa institución  se ha desdibujado, otra vez, al no saber interpretar la urgente necesidad de un intercambio humanitario, así sea pagando un alto precio político por ello, así sea renunciando a sus principios de seguridad democrática. ¿Acaso vale la pena mantener una política cuando a cambio de mantenerla se pierde lo que le da sentido, nada menos que la nación colombiana?

 No, once no es un número pequeño. Ojalá sea tan grande para que nos mueva a expresar, este 5 de julio, en un gesto digno y decidido, alguno de nuestros últimos suspiros de dignidad nacional, de humanidad. Una vergüenza como esta no se puede repetir. No se puede repetir. No se va a repetir.    

 

Luis Bernardo Vélez.

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Piedad Vélez
Gracias por pensar en las mujeres eres muy responsable frente a tu posiciòn en la vida, ojalá existieran diez mil como tú, seria una maravilla. De nuevo gracias por ser como eres.
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