Imagínese como socio de una CTA

Imagínese que usted es un médico. Imagínese que usted tiene un hijo pequeño. Su hijo está enfermo y usted está de turno. Imagínese que usted lleva trabajando doce horas. Atendiendo ya no recuerda a que número de pacientes. Lo que sí recuerda es que tiene que evacuar a cada uno en menos de 18 minutos, so pena de perder su empleo, es decir, de echar por la borda el futuro de su hijo, que lo aguarda, como cualquier otro paciente, en la sala de espera.
       Imagínese que usted, como el médico joven que es, trabaja en una Cooperativa de Trabajo Asociado, de la que poco conoce, pero a la que tiene que agradecer por haberle ofrecido un puesto en el mismo hospital del que lo echaron cuando la ESE –Empresa Social del Estado– fue liquidada. Imagínese que a usted no le importó trabajar unas horas más al día para mantener su nivel de ingresos y, de paso, “construir” esa Cooperativa en la que se incluyó firmando un papel, pero de la que desconoce los estatutos, los derechos, y por la que tal vez sospecha una jugada sucia que no lo hicieron directamente a usted, pero que por las horas más que trabaja, le toca padecer.
       Imagínese que ahí no termina el asunto. Usted es sólo uno de los miles de empleados de la salud –y de otros sectores– que gracias a su trabajo, y a su Cooperativa, hace que los empleadores, en su caso una EPS, no tengan porqué pagar los impuestos parafiscales, las convenciones sindicales y las cargas tributarias que un empleado de planta implican.  Usted se dio cuenta que todos los nombres cambiaron, que ya no recibe un salario, sino que le otorgan una compensación, y así, por todo lo compensan, aunque sus jefes sigan siendo los mismos y sus obligaciones mayores. Imagínese que fuera de eso usted debe pagar de su bolsillo su seguridad social. Pero usted, sabiendo cómo está de difícil el mercado de la salud, no se siente estafado, por lo menos tiene eso, que no está tan mal.
       Sin embargo su hijo lo está esperando afuera, mientras usted despacha rápidamente, como clientes en un supermercado, a otros pacientes. Su hijo, ahora, es su única preocupación. Imagínese que cuando usted sale a recibirlo y atenderlo –él se siente tan mal que no ha podido esperar a que usted termine su turno– se da cuenta de que, por un error que no comprende, no lo puede atender. La secretaria de siempre le informa que al niño, a su hijo, no se le puede atender, porque su Cooperativa no le ha pagado a la EPS para la usted trabaja lo que le debe pagar mes a mes por su seguridad social y la de su familia. Imagínese que usted piensa que es imposible, porque sagradamente, mes a mes, le retiran de su compensación lo que corresponde a ese rubro. Usted, sin embargo, decide ingresar con su hijo al consultorio, para atenderlo, para curarlo de una enfermedad que quizá por miedo considera grave. Mientras lo ausculta, imagínese que recuerda una historia que le contaron, y en la que cree. Se trata de una niña enferma de leucemia, a la que su EPS le negó un trasplante de médula porque los costos clínicos eran mayores que el pago de las multas que a su empresa le tocaría pagar, en caso de que la familia demandara. Eso, claro, cuando a usted se le contaron, no le pareció que era una velada forma de asesinato, pero al tiempo que su hijo respira dificultosamente le parece un crimen inaceptable. Un crimen que usted podría padecer, y del que, paradójicamente, es cómplice.
        Imagínese que todo esto no es una imaginación, sino la realidad que viven muchos de los trabajadores colombianos. Esa realidad que supera las favorables tasas de desempleo en el país, y la rentabilidad y el supuesto crecimiento económico, y su aparente seguridad de médico con trabajo.
       Imagínese que, desesperado, sale con su hijo de la clínica, arrepentido de la farsa en la que trabaja, y de la barbarie en la que ha participado. Claro, sepa que esto no es su culpa, ni que todas las Cooperativas de Trabajo Asociado son esa farsa de la que usted ha sido actor. Pero sepa que todo esto está pasando.
Luís Bernardo Vélez 
Paty Villegas
Eres de lo más representantivo y ejemplar en el campo político de nuestra ciudad.. Gente como tu, es lo que necesita el País y nuestra hermosa tierra.
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