Un útil saludo a la bandera

La gente se pregunta qué relevancia tiene salir a la calle, para unirse a una marcha en contra de la violencia. La respuesta obvia es que no, que no tiene ninguna relevancia. Un gesto de este tipo, si acaso, representa un sentido saludo a la bandera, dirán los escépticos. Los de ánimo negativo, afirmarán que manifestarse así no es más que una payasada vendida por los medios. Otros, en cambio, verán la marcha por televisión y no se preguntarán nada, abstraídos en sus propias ocupaciones. Lo cierto es que ni siquiera los más ilusos esperan que, porque salga un grupo de colombianos a marchar, se acabarán las formas más aberrantes de violencia que han aquejado al país. 
                En este punto surge otra pregunta: ¿entonces para qué salir a manifestarse?  
                Nuestro argumento es discreto, no nos demoramos en advertir, pero es más que suficiente. Algunos, a pesar de la poca utilidad concreta del asunto, saldremos a caminar, modestamente, casi sin esperar nada, pero sintiendo que así hacemos algo en vez de no hacer nada por aquellas víctimas de las que se ha hablado tan poco. Y por las que se ha dicho, equivocadamente, que los organizadores de la marcha expresan un sentimiento favorable hacia las FARC. Porque hasta a eso hemos llegado; a afirmar que marchar entre otras cosas en contra de las atrocidades cometidas por los paramilitares y olvidadas con la excusa de un proceso de paz que todos los días resulta más dudoso, significa estar a favor de las FARC, en contra de una clase política que empeñada en la lucha contra su enemigo más acérrimo parece hacerse el miope con unos delitos de los que –como sigue demostrando la Corte Suprema de Justicia– ha sido cómplice.        
                Cuando la pura imposibilidad se impone y no hay manera de intervenir desde la esfera personal en problemas tan abominables como la tortura, el asesinato, el despojo de tierras, el narcotráfico y la connivencia de los políticos con la delincuencia, salir a las calles y unirse a un grupo de ciudadanos para expresar el repudio, la tristeza y la esperanza, es un gesto que respira grandeza. Para los que no lo crean, recuerden lo que puede hacer sentir a un país un hombre solo, caminando. Recuerden a ese hombre pequeño, canoso, curtido por el sol, casi viejo. Recuerden a ese hombre que se llama Víctor Manuel Moncayo. Y después de recordar, se podrá decir que ese hombre no ha conseguido lo que esperaba al comenzar el camino: la liberación de su hijo. Pero, de la misma manera, nadie podrá decir que ese hombre no ha hecho lo que estaba en sus manos para lograrlo. Lo mismo ocurre con la marcha del 4 de febrero, que en términos concretos no ha servido para mucho, pero que por lo menos dio un mensaje de unidad nacional, de repudio ante la misma guerra por la que vamos a salir a marchar los que marcharemos el 6 de marzo.
                Salir un día a marchar no se compara con lo que muchas personas han hecho para conseguir la verdad, la justicia y la reparación ante los crímenes cometidos por las AUC, o para alcanzar la  libertad de los prisioneros de las FARC. Salir un día a marchar es quizá lo mínimo que deba hacer una persona que crea mínimamente en la democracia, pero es, tal vez, lo máximo que un ciudadano común y corriente pueda hacer para recordar la barbarie que ha vivido y sigue viviendo Colombia; para expresar la esperanza de que a partir de no olvidar la brutalidad esta no vuelva a ocurrir. Poca cosa, si se mira desde el cumplimiento de un objetivo desproporcionado, pero bastante si los que vamos a marchar conseguimos manifestar que la nación está dispuesta a solidarizarse y a cerrar filas a favor de las víctimas de la violencia de todo tipo, como ya lo demostró la marcha del 4 de febrero para el caso específico (y polarizante) del repudio a las FARC.
                Sí, se trata de otro saludo a la bandera, pero que no se olvide: se trata de la misma bandera. La de un país y una nación que se llama Colombia.
Luís Bernardo Vélez
Paty Villegas
Eres de lo más representantivo y ejemplar en el campo político de nuestra ciudad.. Gente como tu, es lo que necesita el País y nuestra hermosa tierra.
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