“El problema de las drogas sigue creciendo en el país”, dice el reciente Estudio Nacional de Drogas. Y es cierto, ahora no solo existe el problema de narcotráfico sino que está aumentando la micro-comercialización en las ciudades con una oferta que llega a todos los sectores poblacionales: infancia, juventud y adultos. Pero uno de los agravantes en este panorama, al cual queremos referirnos, es que esto ha generado también, un aumento en los consumos.
Medellín no se escapa a esta situación, y no solo en las prevalencias de consumo, sino también en la generación de problemas asociados, como son los riesgos para la salud física y mental, pues el consumo de sustancias psicoactivas tiene total incidencia en los índices de accidentalidad, las conductas violentas, en general una serie de eventos que van en contra de la salud de la población. La realidad llega a esferas que antes no se habían visibilizado; y si bien, la dependencia es uno de los riesgos más reconocidos, también lo es el consumo problemático no sólo de drogas legales sino de las legales: tabaco y alcohol, que según investigaciones son las principales drogas de inicio, convirtiéndose en la puerta de entrada para el consumo de drogas ilegales
La situación se ve agravada con la disminución de las edades de inicio.En Medellín existe un 3,5% de riesgo de alcoholismo con una edad promedio de inicio de consumo de alcohol entre 12 y 14 años y es vergonzoso ver como nuestra cultura presenta una alta tolerancia social frente al consumo de alcohol, viéndolo como normal en cualquier circunstancia y edad, pasando por alto que el consumo de bebidas alcohólicas es causa de por lo menos 1,5% de la mortalidad en el mundo, lo que equivale a 750.000 muertes anuales según la Organización Mundial de la Salud, sin contar además con que el consumo de alcohol aumenta en gran medida la carga social y económica de las enfermedades y sus secuelas, por los trastornos y discapacidades que sin producir la muerte, afectan por muchos años: las psicosis, los traumatismos por accidente y violencia, las pérdida de empleo, la criminalidad e incluso el suicidio, por tanto, será qué exponer a nuestra infancia y juventud a esto ¿es normal?
A esta situación se le suma que en la ciudad hay insuficiente capacidad de prevención de la problemática de las drogas en general, especialmente con relación a profesionales, educadores y líderes comunitarios que en su quehacer cotidiano les toca enfrentar este problema. Otros actores protagónicos en aras de disminuir el consumo, la tolerancia y relativizar los asuntos concernientes al consumo de licor y demás drogas legales e ilegales son los padres de familia, quienes de manera articulada con sociedad requieren de políticas de capacitación para ellos.
El tema de la droga debe ser tratado de manera integral y no de forma aislada como se hace en nuestro país. Pensar en drogas no es solo un problema de tráfico y legalización, es un problema humano, que afecta no solo a estas generaciones sino a futuras; si, constantemente se dice que se trabaja con el tema del cultivo y el tráfico de drogas, pero no se cierra el círculo porque se cree que el consumo es un problema de los países extranjeros, y no del nuestro. Si se cierran las fronteras para evitar la salida de la droga ilegal, ésta se queda para consumo interno y eso es quizá lo que no hemos entendido como tampoco hemos entendido la magnitud del problema con las llamadas drogas legales.
Las distintas connotaciones del consumo de sustancias legales e ilegales y las repercusiones que tienen en lo individual han sido motivo de interés y preocupación constante de diferentes actores y sectores, pero sigue existiendo en la comunidad en general y en el Estado mismo, una actitud que no trasciende al ámbito colectivo; más allá de la prohibición está la necesidad de reducir la inequidad, de un compromiso expreso de la ciudadanía con el fin de intervenir las variables que producen vulnerabilidad en la población frente al consumo; ya desde las acciones de de Gobierno, está el llamado a realizar el control a los expendios, y en sitios potenciales de consumo teniendo claro que donde haya reincidencia se debe realizar sanciones penales contundentes, sin hacer caso omiso como si fuesen hechos “normales”.
Por último, no se podemos terminar sin abordar el tema desde las acciones de salud, pues en este tema cobra una infinita importancia la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad; pues es a través de éstas que se asegura la coordinación intersectorial, fomenta la solidaridad, activa el protagonismo de la comunidad en el mejoramiento de la salud y se concerta y coordina las alianzas y acuerdos que facilitan la respuesta global de salud pública a los problemas debidos al uso de sustancias psicoactivas; sin dejar de lado la atención, pues allí, el sector salud tiene la responsabilidad de la atención integral, efectiva y accesible para las personas afectadas por estos problemas.