Sobre la vereda occidental del río, al lado del puente de la calle 33, hay un samán. El puente está siendo ampliado, y parecía que el samán, un árbol escaso, amplio y bello, estaba condenado a la motosierra y la ebanistería. Treinta años de crecimiento que deberían ceder a las estructuras de concreto y asfalto, al progreso. Pero no. El samán será trasladado, íntegro, a un lugar donde pueda seguir creciendo, cada vez menos escaso pero igual de amplio y bello.
Al otro lado del valle, en el oriente, el corregimiento de Santa Elena se prepara para acarrear consigo la puesta en marcha del gran proyecto llamado Parque Arví. La continuación del metrocable de la Estación Santo Domingo hasta el sector de El Tambo, que será inaugurada en diciembre, confrontará la esperanza de mantener el más grande pulmón de la ciudad con la realidad del turismo, de las necesidades de recreación de los ciudadanos del Valle de Aburrá. Con los cinco núcleos proyectados –El Tambo, Mazo, Laguna, Comfama y Biodiversidad– se cuenta, además, con potencialidades en términos culturales, de apoyo social a la comunidad santaelenita y de investigación científica y educación. En fin, el proyecto, sobre el papel, emociona.
Con expectativas tan altas bien vale la pena hacer algunas preguntas para advertir posibles peligros, porque ya se sabe que es mejor prevenir que lamentar.
Si bien algunos actores han realizado ingentes inversiones para cumplir con los compromisos asociados al proyecto, vale la pena preguntarse ¿qué pasa con el compromiso de otros socios como las Universidades, Comfama y la Cámara de Comercio? Hace falta que se materialicen las intenciones para que cuando el Metro empiece a operar los ciudadanos encuentren qué hacer en el parque y sobre todo, se comprometan con el cuidado del medio ambiente y la conservación del patrimonio cultural. El sólo proyecto del cable demandó inversiones por $44.500 millones, de los que la Alcaldía de Medellín aportó el 38%, el Metro el 34%, la Gobernación el 17% y el Gobierno Nacional el 11%. Fuera de esto y del Hotel de 4 estrellas con sentido ecosostenible que construyó Comfenalco, las demás esperanzas siguen siendo proyectos. Estamos en mora adelantar decisivamente los componentes culturales, sociales, educativos, de preservación y de investigación científica.
Desde el Concejo estaremos al tanto de cómo progresan. Por tratarse de una oportunidad de oro y de una apuesta de ciudad y región, bien vale la pena realizar los controles y hacer las propuestas que vengan al caso.
Por ahora baste una propuesta simple a manera de símbolo. Sería hermoso que ese samán próximo a ser transplantado fuera llevado al Parque Arví. Representaría la evidencia de que las necesidades de desarrollo, crecimiento y recreación son compatibles con la preservación de los patrimonios naturales, sociales y culturales del Valle de Aburrá.
LUIS BERNARDO VÉLEZ
Concejal de Medellín
Editorial publicada en el periódico El Tiempo