En una ciudad, donde todavía se siente la fuerza de la violencia con las cifras cada vez más preocupantes de actos violatorios a los derechos humanos, nuevas prácticas de control y un alto nivel de impunidad, la labor de las ONG, de la Unidad de Derechos Humanos y de los organismos humanitarios y defensores de derechos humanos adquiere una trascendencia especial.
Un país que se dice democrático no puede estigmatizar, judicializar y atentar de diversas formas contra personas e instituciones que velan por que los Derechos Humanos sean una realidad.